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Viajar por trabajo en tiempos digitales: crónica desde una cabaña en el Pirineo Catalán.

Una experiencia entre montañas, pantallas y preguntas.

¿Qué significa viajar por trabajo en tiempos de startups, IA y oficinas que no existen? Desde una cabaña en el Pirineo Catalán, reflexiono sobre trabajo remoto, naturaleza, comidas compartidas y la nueva vida laboral sin fronteras.

«Steve Jobs solía hacer reuniones caminando porque pensaba que era la mejor forma de liberar ideas.»
Según admiradores de Steve Jobs.

Viajé a Bolvir, un pequeño pueblo del Pirineo Catalán, sin saber muy bien cómo definir el propósito del viaje. Oficialmente, era una actividad laboral. Pero no sabía si llamarlo hackatón, retiro corporativo, teambuilding, o simplemente una forma extraña de trabajar desde otro lugar. Lo único claro era que no era turismo… al menos no en el sentido tradicional.

El viaje fue corto pero intenso: de jueves a lunes. Lo suficiente como para desconectarme de la rutina sin dejar de estar conectado con el trabajo. Como parte de una empresa 100% digital —de esas cuyas oficinas son el mundo—, la noción de viajar por trabajo toma otra forma. No hay maletín ni traje. En su lugar: mochila, teléfono cargado, conexión estable y, si es posible, un poco de césped bajo los pies.

Bolvir, entre la Patagonia y Silicon Valley.

Llegamos a una cabaña en medio de la montaña, un alojamiento que me hizo pensar en las casas que mis padres tienen en la Patagonia. Techos a dos aguas, madera por todos lados, y un silencio que se escucha. De día: montaña, cielo azul y caminatas al borde del río Segre. De noche: el cielo se abría en estrellas, la temperatura caía lo justo, y hasta vimos un ciervo cruzar la ruta. La vista al despertar era una postal: cerros que en invierno se transforman en estaciones de esquí exclusivas.

Por las mañanas, me gustaba caminar descalzo por el césped. Es algo que aprendí de Luis Enrique, exfutbolista y entrenador español, que siempre recomienda este pequeño ritual para “conectar con la tierra”. Puede parecer una tontería, pero tiene algo. Mientras mis pies sentían el frío húmedo del suelo, en mi mano ya estaba el teléfono. Reuniones por videollamada, mensajes de Slack, revisión de documentos compartidos… y yo ahí, al aire libre, entre vacas, pinos y un aire que parecía de otra época.

Reuniones en movimiento, actas al pie del río.

Durante este viaje, por primera vez en mi vida, redacté un acta de reunión con el teléfono en la mano, hablándole al asistente de voz mientras caminaba a orillas del río. Luego pasé el texto en limpio, lo edité, y lo envié al equipo antes de la siguiente videollamada. ¿Es esto trabajar? ¿O es simplemente otro estilo de vida?

Dicen que Steve Jobs hacía la mayoría de sus reuniones caminando. Que encontraba en el movimiento una forma de pensar diferente, más libre. Mientras avanzaba por los senderos de Bolvir me preguntaba si eso era lo que estaba viviendo yo: no una excepción, sino un nuevo paradigma.

Comer también es construir equipo.

La primera noche cenamos en Fonda Cobadana, un restaurante ubicado en el cercano pueblo de Urús. Es uno de esos lugares donde la gastronomía local no se muestra como atracción turística, sino como parte de la identidad del lugar. Allí, entre risas tímidas y primeras impresiones, compartimos una cena que fue también un espacio de encuentro humano.

Probamos croquetes, trinxat de Cerdanya, arròs de muntanya amb costella, salsitxa i bolets, filet de vedella a la brasa amb patates i verdures, y de postre pastís de formatge amb galeta i fruita fresca. Nos atendieron con la calidez de quien cocina para los suyos. Incluso conocimos al chef. Todo un lujo. Un lujo de esos que no tienen que ver con el precio, sino con la experiencia.

Esa noche confirmé que compartir la mesa sigue siendo una de las formas más poderosas de construir vínculos, incluso entre colegas que trabajan en remoto desde distintos lugares del mundo.

Otra noche improvisamos un “asado”. Bueno… algo parecido. Usamos una de esas parrillas americanas con rueditas y dejamos caer vacío, entrañas y pollo. El resultado fue más simbólico que gastronómico, pero cumplió su función: reunirnos, brindar, relajarnos.

Esa misma noche, ya entrada la madrugada, cayó una lluvia suave. Nada fuerte, apenas unas gotas. Pero lo suficiente como para recordarnos que estábamos en la montaña, en medio de la nada, trabajando como si estuviéramos en la ciudad.

¿Qué significa viajar por trabajo hoy?

Un viaje, muchas preguntas

Durante esos días, me hice muchas preguntas. Algunas existenciales, otras prácticas:

  • ¿Está bien trabajar los fines de semana si uno lo hace desde un lugar tan bonito?

  • ¿Se puede considerar esto un viaje de trabajo?

  • ¿Es teambuilding, es hackatón… o es otra cosa que todavía no sabemos cómo llamar?

  • ¿Cómo le explico a mis hijos que fui “a trabajar” y les mando fotos desde una cabaña en el Pirineo?

Quizás estamos frente a un nuevo tipo de viajero: el nuevo hombre de negocios, que no lleva traje ni usa Blackberry, pero que trabaja todo el día desde paisajes que antes asociábamos solo con vacaciones.

Este nuevo perfil profesional valora:

  • La flexibilidad sobre la rutina.

  • La conexión emocional con el entorno.

  • La experiencia vivida tanto como el objetivo laboral.

Viajar por trabajo ya no significa sentarse en una sala de reuniones con aire acondicionado y café de máquina. Hoy puede significar mirar La Molina desde una ventana de madera, mientras se corrige un texto colaborativo con colegas a miles de kilómetros de distancia.

La dirección del valle (y la del futuro)

Un local me dijo que este valle  es el único de Europa con dirección este-oeste. Lo dijo con orgullo, como si eso lo convirtiera en un lugar especial. Y quizás tenga razón.

Porque en este viaje no sentí que avanzaba ni retrocedía. Más bien, sentí que miraba hacia los lados. A un equipo de trabajo. A los paisajes. A mí mismo.

Viajar por trabajo, en esta nueva era digital, ya no es solo moverse de un punto A a un punto B para cumplir una agenda. Es una forma distinta de habitar el mundo. De mezclar pantallas con pinos, notas de voz con trinxat, reuniones con caminatas descalzo por el césped.

No sé si fue un hackatón, un retiro, o simplemente un viaje más. Pero sí sé que fue una experiencia. Y por eso, merece contarse.

Acerca de Edgardo (55 artículos)
Soy el Co-Blogger que todos quisieran tener al lado. Escribo, hago fotos y filmo. Me animo a hablar en público. Me cuesta concentrarme y me aburro muy facilmente. Cada post que escribo lo hago con el corazón (sino Julia me lo descarta). Según la Universidad soy Licenciado en Turismo pero yo creo en realidad que soy un Maestro Cervecero en potencia que ama viajar para descubrir nuevos sabores de maltas y lúpulos. Experto en mapas y rutas, excelente chofer que nunca se pierde. Aún no conozco todo el mundo así que acepto propuestas para organizar nuestro próximo viaje.

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